Lo confieso…

Hay días que son eternos… me meto en un café que hay un espacio para que jueguen los niños y cuando ya me he revisado todas las historias de instagram, me acuerdo de que tengo dos hijos, la pollita esta aupa de la camarera con un chupa-chups en la boca. La chica me mira sin critica, debe pensar que bastante tengo con esa maraña por pelo, la recojo de sus brazos diciendole que estaba contestando un watshapp del trabajo, con lo mal que miento y lo nerviosa que me pongo. Me mira, le miro y nos perdonamos.

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