Sesenta minutos de nada…

Me gusta darte la merienda en la boca, cortando el bocadillo en trocitos pequeños.

Me gusta que me muerdas los dedos y digas a gritos:

-!! Más, Más !!

Me gusta ver tu cara gordita, llena de jamón york.

Me gusta que recojas lo que se cae al suelo y me lo des.

Me gusta tu olor, querida Estrella.

A veces me ha parecido una pesadez y una eternidad darte la merienda, pero ahora adoro tus bocados.

Que raro esto del tiempo, como corre cuando miro una foto de hace un año de mis hijos y que lento cuando espero que llegue la salida del trabajo.

Como vuela entre trago y trago de cerveza al sol, hablando del pasado y del presente, pero sobre todo del futuro con mis amigas.

Que lento esos minutos en la sala de espera, mientras llaman a mi hijo al médico.

Se aburre y se muere de hambre, se aburre y se quiere ir.

Que loco el tiempo, que no se para cuando quiero, ni siquiera al quitarme el reloj.

Que ingenua soy, pensando que el tiempo es mío, cuando no me pertenece.

Que indolente el reloj , que no obedece al corazón cuando le dice que se pare en ese mismo momento, tampoco hace caso al cerebro, ni a los recuerdos, ni a la alegría, ni al dolor…él lleva su camino, su rutina, nosotros le damos igual.

El siempre continua, a favor o en contra, rápido o lento, él es así.

60 minutos de nada o 60 minutos de todo.

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